Mural improvisado cuestiona la 'otredad' y el poder en una reflexión sobre la frontera

Kate Morrissey
Contact ReporterSan Diego Union-Tribune

Flotando en la esquina de un nuevo mural en blanco y negro, una torre fronteriza se cierne sobre formas lúgubres y criaturas atrapadas en sufrimiento.

El mural es producto de un performance de cinco días en el Instituto de Arte de San Diego llamado Mano a Mano, un diálogo y duelo artístico entre Hugo Crosthwaite y José Hugo Sánchez. Los artistas fronterizos comenzaron en días pasados, uno en cada extremo, en una pared blanca de 16 pies e improvisaron su camino hacia el centro, a veces yendo a la otra parte de la pared para agregar elementos.

"Siendo artistas de la frontera, no hay forma de que no nos acompañe", explicó Crosthwaite.

Los artistas alentaron a la gente a pasar mientras trabajaban. A veces se detenían para conversar y las conversaciones sobre el trabajo traían nuevas ideas para la improvisación.

Crosthwaite y Sánchez no planificaron ninguna de las imágenes que utilizarían antes de que su pintura y carboncillo tocaran el muro.

Después de una breve sesión de preguntas y respuestas con una docena de personas reunidas para ver las primeras pinceladas, Crosthwaite comenzó pintando un ojo derecho ensanchado, que se convirtió en un rostro rodeado de demonios en un círculo de escena infernal.

Desde el otro extremo de la pared, Sánchez agregó imágenes indígenas e íconos de la cultura pop como Mickey Mouse.

Para Sánchez, el mural fue una meditación sobre las estructuras de poder que excluyen a algunos y privilegian a otros.

"Lo que estamos pensando es cómo resistir el poder cuando el poder ya está normalizado", señaló Sánchez.

Criticó el miedo al "otro" y el cierre de fronteras.

"Esta vida de la que somos parte, está dividida por quién tiene acceso y quién no tiene acceso, quién tiene poder", expresó Sánchez.

Unos días después, las piernas de uno de los humanos de Crosthwaite se convirtieron en parte de un monstruo Sánchez.

"El tema que ha surgido es la noción del otro o la noción percibida de los mexicanos", expuso Crosthwaite.

Para él, las imágenes de los monstruos representan una manera de lidiar con los estereotipos negativos de los mexicanos.

Los dos artistas tienen estilos diferentes, y la combinación de líneas clásicas y abstractas, nítidas y crudas agrega otra capa a la conversación sobre la otredad.

Al observar su trabajo individual, que se expone en un espacio de la galería detrás del mural, los espectadores pueden determinar quién pintó cuáles imágenes en la pared.

La separación entre monstruos y humanos en el mural es ambigua. Una criatura con colmillos se encoge de miedo en el centro del mural, quizás con vergüenza o miedo. Junto a él, un monstruo tiene serpientes saliendo de una de sus bocas y se come a una mujer junto a otra.

Ambos artistas enfatizaron la importancia de que el público interactúe con el mural y que cada espectador aporte una perspectiva diferente al significado del mural.

"El mural está dentro de ti, porque todo lo que ves proviene del repertorio en tu mente", dijo Sánchez.

Agregó que es importante reconocer que incluso ese repertorio de experiencias y perspectivas está conformado por estructuras de poder.

"¿Dónde está el poder?" expresó. "Tenemos que hacernos esa pregunta. ¿Dónde estoy siendo reprimido? Todo es cuestionado, todo".

El mural ya concluido fue presentado en una fiesta en días pasados. Estará en exhibición hasta el 7 de enero en el Instituto de Arte de San Diego en Balboa Park.

Morrissey escribe para el U-T.

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